sábado 4 de julio de 2009

Vacaciones

Gente, este blogger se va de vacaciones para Cuba.
Deséenme buen viaje, y nos vemos a mi regreso el 18.
Abrazos

viernes 3 de julio de 2009

El Silvio inmodesto

Algunos compositores descuidados dejan escabullir sus defectos entre las letras de sus canciones. Algunos los usan adrede para atraer a sus temas a los que comparten esos mismos defectos, con variable éxito. El papel de macho mujeriego e hijo de puta de Joaquín Sabina, por ejemplo, se traga mucho mejor que el Bueno-de-la-Película que representa Ricardo Arjona en absolutamente todas sus canciones, salvando las abismales distancias en calidad poética. Pero el Silvio Rodríguez inmodesto ha sido de todos al que mejor le ha ido, por la razón de que paulatinamente ha conseguido en los silvistas seguidores travestir este defecto como una de sus virtudes esenciales, y por ende, imitable.

Antes debo decir que la primera canción de Silvio que me sedujo fue Ojalá, allá en mi infancia. Ojalá interpretada por Maggie Carlés en el Teatro Guaso. Y en mi adolescencia final Óleo de mujer con sombrero, por Nassiry Lugo en el disco de Moneda Dura. Yo de muchacho no escuchaba a Silvio, claro, porque mi papá y mi abuelo sí lo escuchaban. Pero al cabo de algunos añitos (ni tantos, ehh) puedo decir que ya he escuchado prácticamente todas sus canciones, interpretadas por él, y en general por alguna razón que desconozco las canciones más antiguas son las que mejor entonan con mi sensibilidad.

Me encantan canciones como “Emilia”, “Qué distracción”, “Sábado”, “El día en que voy a partir” (la versión inédita), “El loco y el relojero”. Y digo no sin sonrojarme que una de mis favoritas es “Como si tú fueras el comunismo”. Pero este entusiasmo por escuchar toda su música me llevó a otras composiciones por las que no puedo sentir la misma simpatía, sino que inclusive despiertan en mí una impaciencia incontrolable por causa de ciertos versos en particular.

No me refiero a las babosadas ideológicas. Esas están descontadas. Hablo de esas canciones en las que Silvio se aparta de la sencillez y humildad de temas muy bien conseguidos como “Ala de colibrí” o “Reparador de sueños” para caer en la peligrosa tentación de creer que su taller infalible repara con los sentimientos más nobles y superiores que puedan encontrarse.

Dice Silvio: Y al que diga que me aguante / debajo de una sotana / le encajo una caravana / de sentimientos… Sí, lo escuchamos y lo seguimos con el mismo deseo. Despierta la rebeldía anticlerical que compartimos, y gustosamente vamos intensificándola gradualmente mientras transcurre la letra. De sentimientos. Sí, le encajo una caravana por la cabeza. De sentimientos… GIGANTES. Y ahí es un baño de agua fría, por lo menos para mí. Me resisto a seguir a partir de ese momento, tengo problemas para simpatizar con los elegidos y excelentes humanos que pueden tener sentimientos mejores que los de otros hombres.

Pero esto no es nada comparado con la falsa modestia (florecida a la sombra del peor gusto estilo José Ingenieros) de la canción “Qué se yo”. La primera línea habla por sí sola:

No soy otra cosa que uno del montón / que un día desconfió del rebaño.

No hay día que la escuche que no necesite esforzarme por mantener la sintonía con el resto de la canción (que es muy bonita) después de un inicio tan pedante como ese. Expresiones semejantes no parecieran salir de la misma pluma que escribe más adelante en la misma canción líneas de verdadera sencillez en las que acierta hablando de su persona sin situarse en una posición privilegiada o admirable: mi garganta no sabe cantar si mi corazón no alza vuelo.

Cuando la perfección de ideales o sentimientos se mezclan con la propaganda política salen engendros como el verso que contamina la canción “Expedición” completa, agravados por su falsedad, como este: temen que a nuestros propios hijos les enseñemos a volar (si dices que los que habían sido los heraldos excedieron el mandato divino cargando con el peso del dolor, de nada sirve atenuar una proposición tan pretenciosa calificándolos luego de ángeles caídos, puesto que en definitiva, no dejan de ser “ángeles”).

En “Palabras”, el ditirambo alcanza proporciones literalmente astronómicas: Puede que su sangre no mueva una astronave / puede que sus huesos no sirvan para torres / puede ser que una estrella brille más que su voz…

Acepto propuestas de los lectores de canciones que se me han quedado. Sé que me faltan otros versos, porque es un elemento muy caro a Silvio, que, insisto, cuando lo usa ¡¡¡me cae como una bomba!!!

Para cerrar, esta joyita que no me canso de escuchar, con Liuba:



Get this widget | Track details | eSnips Social DNA

jueves 2 de julio de 2009

mi oscuridad

El poeta dijo: "y así de sol a sol hago las llaves, busco en la oscuridad las cerraduras". Qué acierto. Tantos meses escuchándolo sin caer en cuán profundamente me identifico con esa línea.

Ya lo he dicho en este blog, hay instantes (muy breves y esporádicos) en que nos descubrimos extrañamente lúcidos, y nos damos cuenta de que ralmente nuestra cotidianidad está impregnada de un vacío insoportable y de que nos pasamos la vida imitando y actuando sin pensar. Los esfuerzos por convertirnos en seres virtuosos se reducen a breves periodos de iluminación, antes de caer de súbito, sin atardeceres, en nuestro sueño moral. Por lo regular nos parecen vanos los esfuerzos, a la hora de entrar en las tinieblas de nuestra alma. Sabemos que nos volveremos a dormir y vivimos reprochándonos esa debilidad.

Normalmente lo que hacemos es procurar la mayor cantidad de horas de reflexión, de modo que cuando nuestro espíritu abrumado siga cierto instinto sin detenerse a analizar demasiado, esta tendencia esté educada de acuerdo con aquellos ideales que reposan en nuestro cerebro, y así podamos actuar en cada instante como autómatas; pero de acuerdo con lo que creemos.

miércoles 1 de julio de 2009

Atento

Nunca recordamos esto porque éramos muy pequeños; pero cuando los abuelos nos visitaban en aquel entonces no era como ahora, ¡¡que va!! Cuando éramos niños y los abuelos venían a casa eran los padres, observando como lo estaban haciendo sus muchachos, (nuestros padres) ansiosos y esforzándose por detectar en qué tontería podrían ayudar a sus hijos, recién graduados de independencia; y funcionaban como una especie de jueces amigables que habitaban en tu propio hogar. 

Aunque los hospedasen en la casa, la gratitud no reprime su tendencia irreprimible al enjuiciamiento. Y el nerviosismo de tus padres era transparente, tanto que tu agudeza incipiente no era capaz de detectarlo.

Así mismo pasará contigo, cuando te cases y te vayas, y tus padres, esos torpes muchachones que se casaron y se mudaron tiempo atrás, vengan también a juzgar tu trabajo... qué tal ha estado, habrá aprendido lo que le enseñe, qué errores estará cometiendo... Sobre todo si les invitas a pasarse una temporada con ustedes. Ahí...¡Pobre de ti!

Y así harás lo mismo tú también con tus hijos, y continuarán esta cadena de torpes juzgando a otros torpes hasta el infinito, que, irónicamente, arrastramos desde el mismo inicio de los tiempos cuando allá en el ideal Edén, Dios tranquilamente sentado y entregado al descanso de un séptimo día que se ha prolongado por todos estos siglos, observaba desde la distancia a sus pequeños Adán y Eva, curioso por estar al tanto de cómo les estaba yendo a los humanos en las tareas domésticas.

lunes 29 de junio de 2009

Beauty and dessecration

Vale la pena leerlo, sigue el link. Aquí algunos fragmentos para embullar:

(...) And that, surely, is the most important characteristic of the postmodern culture: it is a loveless culture, determined to portray the human world as unlovable. The modern stage director who ransacks the works of Mozart is trying to tear the love from the heart of them, so as to confirm his own vision of the world as a place where only pleasure and pain are real.
(...)Yes, we can neutralize the high ideals of Mozart by pushing his music into the background so that it becomes the mere accompaniment to an inhuman carnival of sex and death. But what do we learn from this? What do we gain, in terms of emotional, spiritual, intellectual, or moral development? Nothing, save anxiety. We should take a lesson from this kind of desecration: in attempting to show us that our human ideals are worthless, it shows itself to be worthless. And when something shows itself to be worthless, it is time to throw it away.

sábado 27 de junio de 2009

Related to Science quotes

Es imperdonable que los científicos torturen a los animales; permítanles por favor hacer sus experimentos con periodistas y políticos.
Henrik Ibsen

Era absolutamente maravilloso trabajar con Pauli. Podías preguntarle cualquier cosa. No te preocupaba que considerara estúpida una pregunta en particular, ya que consideraba estúpidas todas las preguntas.
Weisskopf (físico austriaco)

Lo que acaba de decir el profesor Einstein no es del todo estúpido.
Pauli

No te preocupes por tus problemas con las matemáticas. Te aseguro que los míos son mayores.
Albert Einstein

Tu trabajo consiste en lo siguiente: cada vez que yo diga algo, contradecirme con el argumento más poderoso.
Pauli (a uno de sus asistentes)

viernes 26 de junio de 2009

¡En Guantánamo sabemos de logaritmos!

Las circunstancias en las que conocimos a Pitágoras están grabadas para siempre en mi memoria. Él era de Baracoa, la tierra del Yunque (ver foto) y se estaba presentando en uno de esos matutinos en los que los candidatos para presidente de la FEEM (Federación Estudiantil de Enseñanza Media) leían su "currículum" frente a la escuela, formada en la plaza del edificio docente.


Recuerdo nítidamente el lugar donde nos correspondía hacer la fila y recuerdo más de uno de los matutinos que nos tocó hacer. Pero no recuerdo que en aquella ocasión le escucháramos decir lo que cuenta su leyenda: que por participar en el Concurso Nacional de Matemáticas (ni siquiera había ganado medalla) sus compañeros le habían apodado Pitágoras. Yo siempre pensé que su madre, a quien nunca le gustó que le llamáramos así, debió prever la aparición de un apodo más tarde o más temprano cuando eligió su nombre (Reinaldo al revés); pero el caso es que la historia de Pitágoras se regó y yo en ese momento me quedé boquiabierto con semejante derroche público de inmodestia (también participé en el dichoso concurso y a nadie se le ocurrió ponerme Euler ni Ptolomeo). Nunca me he tomado el trabajo de averiguar si alguien recuerda ese episodio; pero en el fondo me agradó el muchacho de primera impresión y de alguna manera supe que eventualmente formaría parte del grupo (dos años después llegamos al extremo de autodeclararnos la elite de la escuela en nuestro propio mural, para asombro y hasta indignación de varios profesores y alumnos).


Eran tiempos maravillosos y construimos grandes amistades. Todos sabíamos que la verdadera amistad requiere entre otras cosas de admiración mutua, y creo firmemente que gracias a eso nuestra estrecha relación ha sobrevivido la enorme distancia. Pero las supuestas virtudes matemáticas de Pitágoras (que no fue presidente de la FEEM ni ese ni ningún año) no fueron suficientes para convencerlo de elegir una carrera afín: Piti terminó estudiando medicina.


Por otro lado digo supuestas virtudes porque francamente tampoco es que fuera tan bueno. Por lo menos - y estaremos todos de acuerdo - palidecía al lado de Haydeé, que era para ese entonces la más brillante de todos nosotros. Incluso cuando fui yo quien representó a la escuela en casi todos los concursos a lo largo de la isla, siempre supe que, literalmente, era  Haydeé que me dejaba ir a mi, sus razones tendría; porque nunca le llegué a los talones.


Resulta que Haydeé hoy es médico también. Todos creíamos que debía estudiar microbiología, bioquímica, o biología pura (o matemática pura); pero prefirió ser médico, algo para lo que en Guantánamo tampoco se necesita ser tan brillante, porque abren muchísimas plazas. De lo que no tenemos dudas es de que será una excelente doctora (si no lo es ya); pero resulta por lo menos curioso pensar que tanto ella como Piti como Gleyder (otro que también concursaba matemáticas, y que al cabo de dos años cruzó el estrecho de la Florida) se decidieron a matricular medicina, cuando su fuerte era a todas luces las matemáticas.


Facebook nos unió a Aminy, Romy (otra que era una bárbara con las ecuaciones y las funciones y que también se fue de Cuba), a Piti y a mi,y resulta que a Piti le da por preguntar por Gleyder. Entonces lo recordé y empecé a imaginar qué se habría hecho de su estilo peculiar para bailar casino y de su talento para las matemáticas. Lo vivíamos jodiendo porque no ganaba en los concursos, pero al cabo creo que lo que le faltó a Gleyder fue un poco dedicación, ya que nunca se tomó en serio aquello de los concursos porque en la mente de nadie (excepto en la mía) estaba la idea de ser matemático puro.


Todos me dejaron solo con el sueño, que en definitiva tampoco cumplí. Todos prefirieron estudiar medicina (cuando más cerca cibernética). Y hasta mi abuela y mi mamá pegaron el grito en el cielo (como lo habrán pegado los padres de Danay, hoy maestra) porque en Guantánamo si estudias eso te toca dar clases, y, si se tiene un chin de talento y no se es un ñame que no tiene otra opción, quién es el loco que va a meterse a dar clases???


Me pongo a pensar en lo asombroso que resulta que fuéramos tan buenos muchachos en un pueblo donde hoy por hoy no funciona ni un sólo cine, donde no se escuchaba más que Juan Gabriel y Marco Antonio Solís, donde hay gente que llama a las mujeres de hipócritas y a los hombres de hipócritos, y donde la mujer más exitosa de mi cuadra (esto es rigurosamente cierto) es la jinetera del barrio. Y les digo que yo vivía en el mismo centro de la ciudad, ¡qué decir de los barrios más marginales!


Así que no conozco ningún guantanamero matemático fuera de mis profesores. Cuando me preguntan si sé quién es el muchacho que ganó aquella medalla en China respondo que probablemente será ese holguinero que llenaba los concursos con lapicero y que me ganó en alguna copa Lenin, pero no podría conocerlo porque en la copa Lenin a los guantanameros no nos hacían mucho coro si no éramos una muchacha con un buen culo y un buen par de tetas. Y cuando me mencionan la excelente educación que tenemos en Cuba pienso en Gleyder, en Haydeé y en Pitágoras, que prefirieron no arriesgarse e irse por lo seguro: una carrera barata en su misma ciudad, un salario más o menos mejorcito dentro de la mierda que pagan en Cuba, un viajecito a Venezuela quién sabe, y sí, también, una hermosa profesión que ejercer.


Y cuando mi hermano me dice que se quiere ir a Cuba a estudiar medicina me divierte pensar en lo irónica que resulta semejante proposición. Y nos pregunta si es verdad eso que dicen de las maravillas de la medicina cubana. Mi mamá y mi tío fueron médicos en Cuba y se saben par de historias maravillosas como para desencantar al más fidelista. 


Yo por mi parte, que soy de los que han pagado dinero en la Habana para atenderme en la casa de una dentista clandestina, cuando mi hermano me asegura que los mismos habaneros emigrantes que visitan la casa juran que sí, que es cierto, que somos la potencia médica, me armo del sarcasmo más ácido del que soy capaz, y todo modesto le respondo que sí, que si ellos lo dicen ha de ser cierto, que Haydeé va a seguir yendo voluntariamente a trabajar al monte donde la tienen metida el día que el sistema no la obligue, que Piti está en Venezuela por una cuestión humanitaria y de hermandad de los pueblos y no meramente económica, y que Gleyder hizo muy mal en volver a recurrir a los números (quiero decir a la economía más elemental) privando a la Revolución del médico que hubiera sido, aceptando ingenuamente la invitación a caminar por encima de la alfombra y de las flores que adornan la puerta del enemigo, ladrón de talentos. Yo, como soy guantanamero, la verdad es que sé muy poco de la realidad cubana.